Campo Profundo del Hubble, la vía láctea, el Big Bang y el integrismo cientifista

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He perdido la capacidad de emocionarme de verdad por las cosas realmente bellas. O casi… Pero el sábado volví a sentir el placer intenso de ver las estrellas.[/

De noche, lejos de las ciudades, en el cielo se puede ver la Vía Láctea. Qué sensación más extraña volver a verla. Hacía mucho tiempo que no la miraba de verdad. Mucho. He perdido la capacidad de emocionarme de verdad por las cosas realmente bellas. O casi… Pero el sábado volví a sentir el placer intenso de ver las estrellas. De ver el abismo sideral. De elevarme por encima de la atmósfera y sentir el infinito. El infinito.

Eso me recuerda al Campo Profundo del Hubble (Hubble Deep Field – HDF en inglés). Es una imagen tomada en 1995 que muestra de una pequeña región en la constelación de la Osa Mayor. Tan pequeña que supone, en tamaño angular, el de una pelota de tenis a una distancia de 100 metros.

Pequeña pero que muestra unas 3.000 galaxias, muchas de las cuales están naciendo; de ahí su importancia. Si tenemos en cuenta que cada galaxia contiene 100.000 millones de estrellas (la Vía Láctea tiene unas 300.000 millones) podéis imaginaros de las magnitudes de las que hablamos. Y la foto no es muy buena… Lo curioso de caso es que algunas de esas galaxias que observamos hoy desapareciaron hace millones de años. Mucho antes de que la Tierra albergara vida alguna. Y hoy las vemos. Son algo porque las vemos. Pero dejaron de ser hace mucho. Quizás fueron engullidas por un agujero negro. O se transformaron. Pero las vemos. Y eso es lo que cuenta para nosotros. Que las vemos.

Somos tan pequeños. La Tierra es taaaaaaaaan pequeña. Somos incapaces de asimilar el concepto de infinito y nos atrevemos a convertir en dogmas de fe teorías sobre el origen del Universo. El Big Bang y la muerte de Dios. Ojalá yo tuviera fe. Ojalá creyera en la espiritualidad.

Soy ateo, pero envidio a los que tienen fe. Porque ellos saben que hay algo que está mucho más allá de nosotros. Y pueden darle forma. Yo no.

Yo estoy atado a la realidad. A la ciencia. A la intolerancia cientifista absurda y dogmática como cualquier otro integrismo. Que mira al infinito con ojos cortos. Tan cortos como las luces de la ciencia de unos seres que habitan un planeta en un sistema (solar) en una galaxia, en un cúmulo, en una nube.

La casa daba miedo después de una semana sin limpiar.

El infinito…

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