A series of short exposures through a near-infrared filtre was obtained of the waning Moon at sunrise on January 12 (at about 10 hrs UT), i.e. about 5 days before New Moon (24.3 days "old"). As can be seen in the image, the edge of the full field-of-view is about the size of the diameter of the Moon. Several 0.1 sec exposures were made through a near-infrared filtre (856 nm; FWHM 14 nm) with small offsets were recombined (to cover the gaps between the individual CCDs); otherwise, the image is raw. It was rebinned (2x2) to 4kx4k size and sampling 0.48 arcsec/pixel. The right-hand side of the picture was cropped in this reproduction to reduce the file size

Infinita Tristeza

La bestia espera agazapada entre mis vísceras esperando saltarme al cuello.


La siento dentro de mí.

Sedienta de mi propia sangre.

Su propia sangre.

  1. f. Estado afectivo provocado por un decaimiento de la moral. Es la expresión del dolor afectivo mediante el llanto, el rostro abatido, la falta de apetito, etc. A menudo nos sentimos tristes cuando nuestras expectativas no se ven cumplidas o cuando las circunstancias de la vida son más dolorosas que alegres.

del latín, trístĭtĭa

“Las lágrimas son la sangre del alma.”

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Agustín de Hipona

El cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko enloquecido me busca. Siento su fuerza gravitacional tirando de mis entrañas hacia él. Quisiera creer que sería una choque de titanes. Que estallaríamos los dos en un Apocalipsis glorioso que justificase el sacrificio. Que una explosión silenciosa e infinita barrería el espacio-tiempo en busca de la primera pulsión del Universo que se nos escapa al horizonte de sucesos.

Pero no va a pasar nada de eso. Yo seguiré aquí con mi tristeza clavada en el cuello. Una tristeza indolente y atroz. La risa sincera ahogada demasiadas veces. Siento sus tentáculos recorriendo mi esófago delicadamente. Siento el aguijón en los lagrimales.

Han sido demasiados golpes. Golpes tontos. Los que te pegas cuando te caes desde un 20º piso de cabeza. Ese golpe tonto que te revienta y te deja con ese cuerpo raro dl que ya no entiende nada. Ni qué ha pasado, ni qué hace allí ni quién es en realidad.

Pues esos golpes tontos son los que me gustan. No sé, los busco una y otra vez.

Quisiera creer que aprendo. Pero no aprendo. Una y otra vez voy a buscar otro hostión que me recuerde qué triste es mi vida.

chica_anime_render_by_airimiika-d6pv6rtY lloro. A escondidas, no voy a ser un exhibicionista tampoco. Bueno, algun@s me han visto llorar. Y mucho.

Tengo una familia maravillosa; un trabajo que me llena y me permite crecer; unos amigos de puta madre; 4 gatos asilvestrados y señoritingos,  un piso con terraza para hacer barbacoas incluso en invierno, energía para darlo todo, salud… No sé, lo tengo todo. ¿Todo? No, una aldea poblada por irreductibles lágrimas resiste todavía y siempre al invasor…

Sé que todas las veces que he sufrido por tristeza creía que era la peor de mi vida. Que me moría de ese dolor absurdo que es la tristeza. Que me iba a morir en mis pesadillas. Ese sentimiento horrible que se mezcla con la ansiedad, el deseo sexual, el miedo a estar solos, el asco a volver a lo mismo, el vacío vital y la lista del súper.

He sufrido otras veces esa tristeza. Pero esta vez es diferente porque es una tristeza serena. Al principio fue muy dura. Mucho.

Un buen día, una semana después de ir a Ikea a comprar muebles para cambiar nuestra casa, se fue. Tuvimos una discusión estúpida y se fue para no volver. Adiós. Cogió sus cosas y en menos de una hora ya se había ido para siempre. Y el silencio.

Pensé en ese proverbio chino que dice que no podemos evitar que los pájaros de la tristeza revoloteen sobre nuestras cabezas, pero sí que podemos evitar que aniden en ellas. Pues eso hice. Me encerraba en casa para no ir a espiarla. No encendía el ordenador para no mirar su Facebook. No miraba el WhatsApp para ver cuándo se había conectado. Cuándo llegaba a casa por las noches. No lo hice. O sí lo hice alguna vez. Más de una y menos de diez. Como un enfermo. Atravesando la ciudad en mi bicicleta a medianoche sólo para ver si se había cerrado bien la persiana metálica del taller donde vive. Deseando encontrarla llegando con otro para ser libre. Para romper el yugo. Sabiendo que si lo veía me moriría allí mismo. Y aún así iba. Luego ya no. Me obligué a no ir. A recuperarme a mí mismo. El hombre lobo que se auto-encadena por las noches para no herir a los que le rodean. Yo.

Buscaba las razones en otro tío. Seguro que se ha ido con otro…

Tonto de mí. No había otro (creo). Era yo. No quería estar conmigo. Yo le hacía daño. Se sentía insegura conmigo. No la hacía feliz. Nunca la hice feliz. Por eso se fue. No para conocer a otro (que pasará), sino para huir de mí. De nuestra vida. Y no quise verlo. Por eso iba a espiar. Porque reconocer que no buscan a otro sino que huyen de ti es muy duro. Mucho más duro.

En ninguno de los dos casos hay solución, pero, al menos, en la primera opción puedo culpar a alguien. A ella. Y así evito reconocer mis errores.

Luego vino la lucidez. Ver lo tonto que había sido. Lo mucho que me merecía que se hubiera ido. Y aún así lo intenté otra vez.


La tristeza del alma puede matarte mucho más rápido que una bacteria.


John Ernst Steinbeck

Intento hardcore y desesperado…


… que falló, of course.

Fui a comprar un anillo. Dispuesto a cambiar, a ser diferente. A recuperar a ese yo que está enterrado bajo capas de vanidad y halagos vacíos. Al yo que quiero ser y no era. Al que recupero con cada línea que escribo, con cada página que leo, con cada museo que visito. Ese yo que estoy reconstruyendo como una hormiguita laboriosa y ciega. Guiada por el instinto.

Se lo di y dijo no.  Bueno, fue peor. Dijo que lo pensaría. Y al tercer día de un silencio de mil toneladas de peso acudió el destino. O el azar. O la probabilidad infinitesimal de las casualidades. Volviendo de casa de mis padres me voy a verla para recordarle que sigo esperando una respuesta. Y a través de la ventana abierta la oigo decir que no hay nada, absolutamente nada que pueda hacerla cambiar de opinión. Y al día siguiente, por WhatApp (POR WHATSAPP!!!) me rechaza. Otra vez.

Y de nuevo el silencio.

Mi dolor ya era salvaje. Se apoderaba de mí en forma de arcadas y fiebre. Vomitando cada mañana como rutina.

Y volvió. Ella volvió a aparecer.Y nos vimos e hicimos el amor. Nos acostamos, que dijo ella después. Y luego más discusiones. Qué error habernos acostado. No quiero verte más. Adiós parasiempre. Cuídate mucho, ratita.

Y el siguiente fin de semana nos vimos una tarde. Y cenamos. Y luego me echó de casa. Y yo me fui silencioso y sumiso. Rabiando. Ardiendo por dentro. Y volvimos a hablar y discutir. A no saber nada. A tener ella los mandos. A decidir ella cuándo vernos y no. Cómo vernos y no.

Y yo esperando. Esperando noséqué.

¿Volver juntos y tratar de reconstruir un sueño?

¿Cerrar definitivamente este capítulo?

¿Luchar aunque ella no quiera?

No lo sé…

Ella se va cada día un poco más. Se libera mientras me retiene como su esclavo. Con un dominio sutil pero intenso. Y yo lloro porque no sé cómo liberarme. Porque ella ya no está conmigo. Ni ahora ni nunca más. Ella lo sabe. Yo lo sé. Y sigo siendo su esclavo.

¿Tiene algún sentido?

Sí, ya lo sé. Lo tiene.IMG_8292.pngDebo decir que el que se ha comportado mal durante más de tres años he sido yo. El que ha cometido la mayor parte de los errores he sido yo. No creáis que soy una víctima.

Yo he sido un monstruo.

Pero quiero cambiar. Voy a cambiar.

Voy a ser feliz.

Créditos, referencias, rapiñas y pirateos varios:

http://photos.up-wallpaper.com/

https://commons.wikimedia.org

https://www.pexels.com/

http://www.esa.int/ESA

http://www.nasa.gov/

OcéanoInfierno

Un Anunnaki Punk

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