La foto de la Princessa de las Casitas Pobres

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Érase una vez una princesa que creció aislada en una burbuja de lujos horteras, sobreprotección asfixiante y estrictas normas morales que nunca aceptó

Princessa tenía entonces 16 años
Su madre, politoxicómana, murió en el parto. Su padre, el capo de las Casitas Pobres, envió a la niña con su abuela a una villa decorada como un burdel de lujo para jeques saudíes. Siempre fue un mierda.
Princessa fue educada en la castidad, la sumisión y la entrega.
Aprendió a solas todo lo demás. 
En su interior crecía una llama que apagaba susurrando poemas de gatitos meando en alfombras de Versace. 
Decían que era ansiedad.

Cuando su abuela le dió la noticia del asesinato de su padre en un ajuste de cuentas Princessa no mostró ninguna reacción, como si no hubiese oído nada. 

Princessa se giró lentamente hacia su abuela y se miraron en silencio largo rato… 

Después siguió susurrando poemas de niñas solitarias.


Princessa llegó sola en medio de la noche a las Casitas Pobres. En la mansión sólo estaba Marcelo, el perro fiel de su padre. Una bestia parda retrasada; pero el perro más fiel. La recibió con esa sonrisa vacía que no quería decir nada. 

Buenas noches Marcelo– saludó inocente y cariñosa dándole un abrazo y un besito en la frente. –¿Sabes cómo funciona todo? -preguntó sin soltarlo
Sí, Princessa.
Pues vas a ser mi business-crush-. Y le dio otro besito en la nariz antes de alejarse a saltitos.
Marcelo quedó allí clavado con ojos de perrito enamorado…

Princessa subió al cuarto de su padre y se entregó a sus pesadillas musitando para ella los nombres de las estrellas que había visitado.

Se levantó de madrugada nadando en sudor y lava. 


Susurrando sonriente poemas de niñas buenas y animalitos salvajes, con su flequillo y su chándal animal print de marca, se fue de safari por las Casitas Pobres.

Mucha gente la reconoció y se acercó a saludar amistosa.

¡Qué guapa estás! ¡Cómo has crecido! ¿Dónde está tu abuela? ¡Qué horrible lo de tu padre! ¡Menos mal que tienes a Marcelo!… Y así, la misma charla, las mismas explicaciones y las mismas obviedades decenas de veces. 

Princessa se refugió en la colina de los cañones, desde donde se divisaba toda la ciudad. La angustia que llevaba dentro palpitaba en su vientre y subía amarga por su esófago hasta escapar en un imperceptible grito de soledad. 

Se escondió bajo los auriculares, subió el volumen de una base lenta y oscura y empezó a susurrar poemas para acallar el grito. Pero los poemas ya no hablaban de niñas obedientes que ayudaban a su abuela. Hablaban de niñas perdidas en la noche buceando entre tiburones blancos.

Cuando abrió los ojos no estaba sola. 

Fosco, el poeta del infierno. Su madre lo abandonó para irse a Ibiza a vivir una fiesta eterna.
Fue criado por su tío, el hijodeputa que gestionaba el vertedero y al ejército de niños-rata que rebuscaban oro entre la basura.
También fue un niño-rata: su tío no era una hermanita de la caridad.

Sentado en el suelo frente a ella, con una hienita curiosa a su lado y escrutándola atentamente, había un ángel oscuro de mirada profunda, de esas que traspasan armaduras.

Princessa siguió cantando lentamente devolviendo la mirada. No necesitaron más palabras que las que ella le dedicaba susurro a susurro. Él respondía con enigmáticos versos y voz rasgada. 

Soledad, incomprensión, extrañeza, temores, ansiedad, fuego… 

Fosco conocía a Princessa hasta los tegumentos y la obligaba a recorrer esos recovecos del alma que ella no se atrevía a mirar de frente…

Para cuando cayó la noche, la colina de los cañones parecía un teatro-cabaret con el aforo completo. Rodeando a Princessa y Fosco se habían reunido todas las bestias mitológicas y tribus guerreras del barrio. Todas grabando la batalla y publicándola en stories. 

#PrincessaVsFoscoBattle y #CasitasPobresPower fueron trending topic.

Al amanecer, Princessa y Fosco desaparecieron de entre los restos del naufragio. Sin palabras ya, se dirigieron renqueantes a la guarida de las hienas donde sólo pudieron abrazarse desesperadamente mientras caían rendidos por el sueño en un ovillo de sudor, deseo y cuerpos que se buscan.

Cuando despertaron no se dirigieron la palabra. Se miraron, se besaron, se agarraron, se acariciaron… Despacio, muy despacio, encerrados en una burbuja a la deriva por la nube de mimosas de Oort…

No es que Princessa fuese vírgen, tampoco vamos a ser naif. Era la niña bonita de un narco y vivía en un mundo corrupto. Y también iba al instituto y se escapaba de sus guardianas, así que ya había hecho cosas con chicos y chicas. Nada especial… Esto era otra cosa. 

Lo sentía dentro de ella ardiendo y palpitando mientras la agarraba con fuerza y le mordía el cuello al límite del dolor en mil posturas. Se dejó hacer mientras gemía y se agitaba entre espasmos y fluidos. 


Fiesta en el Cabaret de las Rastachonis. Princessa irradiaba un halo lunar por encima del brilli-brilli de imitaciones de Vuitton, estampados de leopardo, rastitas putis y cadenas gordas de oro. Solicitada por todas y esquiva como una libélula entre avispas, buscaba con la mirada a Fosco. Intuía que no aparecería.

De repente, una brujilla desvergonzada se plantó de un salto frente a ella y le disparó una ráfaga de clics con su cámara atrapa-almas.

Selina tenía 32 años
Fotógrafa y voyeur. Un cáncer superado le robó el útero. 
Excelente coacher de autoayuda; pero de autoayuda para la destrucción personal, del entorno, de la sociedad y del planeta, of course.
Su lema era Carpe Diem. Lenguaraz y malhablada. Hedonista de vicios sofisticados, lengua afilada con napalm y manipuladora insensata.
Es una diablilla de mirada traviesa y burlona, con colmillitos y cuernos. 

Selina acercó la cámara hacia Princessa y le mostró las fotos.

Ésta miró una foto, miró a Selina, miró otra foto, miró a Selina y ambas empezaron a desternillarse. ¡Menudos caretos de pasmada! Congeniaron inmediatamente. 

Selina le presentó a las tribus y hechiceras que valían la pena. No eran muchas.

Después desaparecieron en una nube de humo de mimosa y se cosificaron en el local-dormitorio-estudio-almacén de la fotógrafa saltarina. Se hicieron íntimas a base de vino espeso y confesiones vergonzosas. 

Besitos de mariposa entre foto y foto. Sólo besitos, que Princessa acababa de aterrizar en el Infierno.


Princessa despertó de madrugada empapada en sudor helado. Revisó el móvil. Sin noticias de Fosco. Ni llamadas ni mensajes ni redes sociales. Nada. Suputamadre.

Necesitaba hablar con alguien. Selina…

Desnudas en el estudio. Princessa sobre la cama XXL para ballenas azules, en el regazo de Selina susurrando inocentes poemas de una niña muda que llamaba en silencio a Fosco. Mientras, sus dedos recorrían delicadamente las curvas de Selina que la fotografiaba entre espasmo y gemido.

Habían sonado cientos de notificaciones, pero Princessa sabía que ésa, precisamente ésa, era la de Fosco. Y lo era. 

Estoy en la puerta.
A Princessa se le aceleró el corazón. 
Mierda, no estoy en casa. Se va a ir. ¿Qué le digo? 
Otro mensaje: –Abrid.
Se lo enseñó a Selina, que no se sorprendió. Ésta se levantó perezosamente y se dirigió desnuda acia la puerta con la cámara colgando de la mano. 
Sabía que estaría contigo– dijo Fosco después de estamparle un beso en los labios a Selina mientras la agarraba por el culo con fuerza y la atraía hacia sí. Ella se dejó hacer durante unos segundos, pero luego, delicadamente, lo agarró por la entrepierna hasta que éste retrocedió con las manos en alto y la cabeza hacia atrás.
Dónde vas, animalito…
Fosco, ya libre y algo dolorido, se rió sin rencor.
Venía a buscar a Princessa.
Vas a tener que pagar caro por ella…

Princessa notó un vacío en el estómago. Fosco y Selina se conocían de algo más que amistad. Pero al ver la naturalidad con la que hablaban entre ellos y como él se desnudaba despreocupado para acabar sentado entre ellas el vacío pasó a palpitaciones. Fosco la miró directamente a los ojos en silencio durante el tiempo exacto que necesitó para notar cómo empezaban a humedecerse sus braguitas. Y la besó. Primero despacio y húmedo sólo en los labios para empezar a dar mordisquitos y pequeñas incursiones de lengua. Después la agarró de los hombros y le mordisqueó el cuello desde la oreja al esternón.

Hola Princessa. ¿Cómo has acabado en la choza de esta bruja?
Princessa apenas pudo tartamudear un no sé entrecortado. Se sentía avergonzada, celosa, cachonda, cabreada, engañada… Le arreó una bofetada con todas sus fuerzas. 
Perdón, perdón- dijo Princessa tratando de abrazar a Fosco que había recibido el golpe medio bien. Se hizo el silencio. Fosco y Selina rieron. Princessa se sentía bien. Muy bien.
Seguimos con la sesión de fotos, no me jodáis ahora– protestó Selina. 

Princessa emergió libre y salvaje de aquella danza de cuerpos y almas que explotaron como una supernova entre gemidos, convulsiones, fluidos y besos desesperados.

Antes de caer rendidas Selina tomó una última foto a Princessa. Fosco ya estaba dormido. 

Quedó, simplemente, perfecta. 


Princessa se despertó confundida. Fosco seguía allí. Dormido y abrazado a Selina que la miraba fijamente en silencio.

-Olvídalo, Princessa. Ahora está aquí, mañana quién sabe… Fosco es venenoso. Si entiendes cómo funciona su cabecita te hará subir al cielo cada vez que os encontréis. Si no, vivirás un infierno de dudas y ausencias. 

Princessa iba a replicar pero calló. La cabeza de Fosco estaba sobre el vientre de Selina, que le acariciaba el pelo y el pecho despreocupada. Sabía que su brujita tenía razón…

Ya a solas en el estudio, después de que Fosco se evaporase Selina parecía excitada.

-Ayer te hice una fotaza que te mueres. No sé ni si enseñártela para que no te flipes mucho…
-No puedes hacer nada con ella sin mi permiso
– protestó burlona Princessa mientras le arreaba un cachete en el culo.

Selina le enseñó la foto en la cámara; había quedado INCREÍBLE. ¡Había que imprimirla en grande sí o sí! Sacaron la tarjeta de memoria de la cámara y bajaron a la calle.

¿Unas mimosas antes? Unas amigas han montado un circo polipoético nómada y sólo están hoy-. Selina pestañeó sonriente durante unos segundos a la expectativa, aunque ni siquiera aguardó al sí mientras tiraba de Princessa. 

Un bum-bum lento y grave que parecía escapar de las entrañas de la tierra las recibió en la pista. Una espesa nube de mimosa difuminaba los cuerpos sinuosos que danzaban en la oscuridad. Selina agarró su mano y arrastró a Princessa hacia dentro.

Al principio, Princessa quedó deslumbrada: todos eran tan guapos, bailaban tan sensual, se divertían tanto… Fue dejándose llevar de unos labios a otros, de un cuerpo a otro, de un espejismo a otro… 

Pero a medida que pasaba el rato, el velo de la novedad caía y los ojos de Princessa se acostumbraban a las penumbras. Rictus de amargura, pechos operados, labios hinchados, pieles estiradas y brillantes de bótox, disfraces de pelis porno cutre, movimientos torpes de yonki, pollos vaciados en el suelo, niñas perdidas, lobos al acecho… Vanidades que dan arcadas.

Encontró a Selina bailando con una chica-chico muy joven. La tomó aparte.
Hay algo raro aquí. Al principio todos parecían guapos y sensuales, pero si miras con detenimiento…
Ja, ja ja– rió Selina con ganas. –La vida pasa muy rápido. Hoy eres una princesa y mañana estás en una residencia lamentando todas las cosas que no hiciste. Claro que los vicios dejan huella, pero no vivir es mucho peor, ¿no crees? Vive el momento. ¡Sé fuego! -Y se perdió entre la maleza con su chica-chico. 

Marcelo trató de despertarla con delicadeza, pero antes de poder avisar de la visita Selina había entrado en la habitación con un enorme paquete plano.
Venga petarda, que te traigo un regalo.- dijo mientras iba deshaciendo el lazo del paquete y sacaba una foto gigante enmarcada.
Princessa se quedó boquiabierta. ¡FOTAZA! Nunca se había visto tan tan guapa. Y a tamaño natural. Selina era una fotógrafa de puta madre.
Ha quedado increíble. No puedo dejar de mirarla. Es mi mejor foto…
Marcelo parecía embrujado mirando el retrato.
-Ojalá siempre me vea así- pensó en voz alta Princessa.
-Vive el momento -dijo Selina oyendo sus pensamientos- Antes de que te des cuenta serás una vieja decrépita y lo único joven en tí será esta foto.
-Daría mi alma al diablo por ser siempre así.

Silencio… roto por las risitas de ambas, aunque Princessa no bromeaba.


Concierto en casa de Princessa. Presentación formal de la niña en la sociedad de las Casitas Pobres. La fotaza presideía el salón por encima del escenario improvisado con palets. La misma foto que se había puesto como perfil en redes sociales. 

Princessa susurraba poemas de cuerpos desconocidos en noches de lluvia caliente y caballos blancos que secuestran el alma. Guerreras silenciosas que con sus móviles grabando creaban un mar de estrellas. #Princessa4U trending topic y superando los diez mil followers. 

Cuando acabó el concierto y la fiesta se extiendió por la mansión, Princessa se escapó a dar un rulo: la estaban agobiando con grabar discos, hacer conciertos y mierdas que no necesitaba. Tenía toda la pasta que necesitaba. Esclavas…

Pasó junto a zombies que esnifaban palomitas de maíz trituradas a martillazos. Pasó junto a nínfulas que se abalanzaban sobre las caminantes para chuparles la energía. Pasío junto a autómatas que funcionaban con monedas… y allí, en el centro del infierno, oyó a Marc, la chica-chico del circo polipoético. 

Estaba en el centro de un grupito de gatas de uñas limadas. Hablaba poemas muy rápido, con voz fuerte y engolada, de amor y odio. Bailando despacio. Muy despacio. 

Princessa quedó hipnotizada. Cuando acabó la performance y las gatas se dispersaron, se acercó decidida a Marc y le susurró al oído: –Vente conmigo. Te necesito. 

Marc, 17 años
Chica-chico
Ultrasensible e insegura. Necesita cariño y comprensión con desesperación.  
Su hermano mellizo tiene problemas mentales debido a una pastilla de sueños que lo dejó atrapado en la órbita de Júpiter.
Se siente culpable por no haberse quedado ella también. 

La agarró por la mano y tiró de ella-él, pero Marc hizo fuerza. No soltó la mano violentamente ni dió un tirón. Se limitó a mantenerse quieto con la mirada clavada en Princessa. Ella notaba el deseo y la aceptación en su mirada, pero Marc seguía inmóvil mirándola.
-¿Qué? -dijo ella.
-No puedo dejar solo a mi hermano. Es especial.
Hay que joderse, pensó ella sin saber qué decir.
Tranquila, sólo tengo que buscar a mi amiga para que se quede con él. 

Princessa no la soltó de la mano en ningún momento. Ni siquiera escuchó lo que decía Marc. Se la llevó a una isla perdida en un océano de hidrocarburos donde cada aliento despertaba una llama. Quizás le dijo te quiero varias veces en medio de la pasión…

Antes de separarse, Princess publicó un story con Marc. Emojis de love. Marc la besaba como una perrita enamorada. Marc necesitaba mucho cariño. Marc la invitó a su concierto en el Jardín de las Libélulas esa misma noche. 


Cuando Princessa llegó al estudio de Selina la jarana ya está montada: finalmente le habían concedido la adopción de la niña. Cinco años de esperanzas, luchas y frustraciones frente a un muro burocrático en un idioma incomprensible se desvanecían. La alegría desbordaba en forma de humo de mimosa…

Pero cuando se encuentró a Selina ésta no parece muy contenta.
-¿Se puede saber qué haces? ¿Una story de crush con esa loca de mierda? ¿De verdad te vas a cerrar a otras personas por ése-ésa? 
Princessa no sabía qué decir. Ni lo había pensado. Para ella el futuro era hoy. No hacía planes… 
Pero Selina dale que te pego: –Nos educan en el miedo. Miedo a vivir. Miedo a arriesgar. Nos enseñan que cualquier roca es un milagro en un mar agitado, pero no. Vivir la vida aferrado a una roca no es vivir. 
Princessa se quedó callada sin saber qué decir. 
Anda, toma, te he comprado algo– dijo Selina, alargando una cajita para guardar caramelos o pica-pica. –Volvamos a la fiesta…-

Beats graves, piel contra piel, todas con todas… 

-Mierda, le prometí a Marc que iría a verla esta noche ¿alguien se apunta? -Pregunta inocente Princessa levantando un poco la voz.

Silencio y gestos de desaprobación como respuesta sobre el fondo de chunda-chunda. Odian a las libélulas y su rollito loser de superioridad moral. 

Selina agitaba la cabeza negando ostensiblemente.

No sé para qué me molesto en hacer de ti una diosa si te vas a enamorar de la primera rana que te dé un besito. Voy contigo pero antes pasamos por un club nuevo a comprar. Tranquila, que queda de camino.

El resto a lo suyo…


Nada más entrar, Selina se dirigió a las pantallas y se sentó frente a una de ellas, invitando a Princessa a su regazo 

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-Mierda, media hora… No podemos esperar. Pillemos un par que me encantan- y empezó a pasar fichas de cuerpos de diferentes colores, formas, tamaños y géneros… Seleccionó a dos hombres-león atados con cintas de cuero y collar de perritos. Le apetecía jugar a ser el ama. Ni siquiera preguntó a Princessa.

-Nos va a encantar…

Princessa trató de protestar, pero Selina la calló con su mirada de dragona. Pensaba en Marc y en Fosco. Pero cuando tuvo la correa en su mano y tiró de aquella bestia hacia su vientre se olvidó un poco. Casi del todo.

Cuando finalmente llegan al concierto la cosa pintaba mal. Marc apenas lograba sacar un hilillo de voz susurrando acerca de amores eternos y vidas felices. Sobre la ceja se había tatuado Princessa. Parecía una niña asustada. Las libélulas estaban a sus móviles o charlando en voz alta. Sólo Marc siguía en el concierto. En su propio abismo.

Princessa la miraba y le daba penita. Selina miró a Princessa: –Está loca. Te va a arruinar la vida. Piensa en tí. Sé egoísta.– y se fue.

¿Dónde estabas? -Preguntó Marc-. -Te he llamado como una loca. Te necesitaba. Hoy te necesitaba.
Princessa apenas acertó a decir que estaba celebrando la adopción de la niña de Selina.
Mentira. Sé cómo es Selina. Es una mala influencia. Déjame ver el móvil.
¿Qué??? Tú eres imbécil. ¿Nos hemos visto un par de días y te atreves a pedirme el móvil? ¿Una idiota que se tatúa el nombre de una tía a la que no conoce de nada? ¿Sabes hacer algo aparte de canciones ñoñas? Vete a la mierda, loser patética. -Y se fue indignada.

Al llegar a casa notó un olor extraño en el salón. Como de leche podrida. Y un rumor. Muy leve; como una vibración lejana. Provienían de la foto, de la fotaza.

Estaba cambiada. Algo muy sutil. Los labios un poco más finos. Una mueca de maldad se diría. Los ojos enrojecidos… Apenas perceptible. Pero algo, algo que le hablaba en silencio.


La mañana siguiente Princessa se levantó rara. Sentía que algo malo abía pasado. Pensó brevemente en Marc, pero principalmente en su foto. 

Ya no se veía tan bonita en esa fotaza. 

Pero el espejo del baño sí le devolvía exactamente su carita perfecta. Se sintió un poco culpable y un mucho diosa…

La noticia del suicidio de Marc se la dió Selina, que había llegado antes de que Princessa despertase. Se diría que Selina estaba más afectada que Princessa. Ésta apenas mostró ninguna emoción.

-Sí, me da pena, pero tampoco es que fuésemos nada ni que la conociese hace mil años. -dijo Princessa.

Selina se quedó pensativa. Quería creer que era una manera de superarlo, pero algo le decía que Princessa hablaba en serio…   

Por la noche la casa estaba llena de gente. Selina ha organizado una fiesta de disfraces en casa de Princessa para animarla, aunque Princessa actuaba como si nada hubiese pasado. Esa noche tocaba vestidas de conejitas traviesas.

Nadie reparó en la foto que estaba un poquito diferente… Sólo Selina notó en los ojos una frialdad incómoda. Sería el reflejo.

Cuando Princessa vió al hermano de Marc observándola fijamente no reaccionó: tenía a 2 animalitos recorriendo su cuerpo con nubes de caramelo y estaba a miles de kilómetros bajo el mar.

Cuando se abalanzó sobre ella con una navaja en la mano Princessa se quedó paralizada. Apenas pudo pararlo con el brazo, donde se llevó un tajo considerable. Pero dió tiempo a que Marcelo lo tumbase de un manotazo brutal.

Se llevaron detenido al hermano de Marc, aunque la poli dijo que no podrían hacer mucho dada la enfermedad mental del chaval.


En cuanto la peña se fue Selina se sentó con Princessa.

-¿Ves lo que pasa por jugar con gente que no entiende la vida? Tú eres libre. Sé libre, sé fuego. 

Cuando Selina se fue y Marcelo desapareció en su sótano, Princessa se acercó a la foto. Desprendía un extraño olor. Pútrido y agrio, pero de alguna manera sensual. Los ojos estaban muy rojos. Y un rictus de cinismo atravesaba su rostro.

Descolgó la foto y la escondió en la sala de cultivo de mimosas donde su padre la encerraba de pequeña cuando se portaba mal. Sabía que había algo raro en esa puta foto y no quería dar explicaciones…


Parece que a Selina le encantaban los desayunos de Marcelo, porque estaba cada mañana como un clavo.

-Joder qué movida ayer…
-Sí, ese puto loco del infierno. Me culpa a mí de la cobardía de la penas de su hermana.
-Pobrecillo, se ha quedado solo en el mundo. 
-¿Y es mi culpa? Parece que lo justifiques.
-No, no. Sólo que no creo que haya que cebarse. Era una navaja pequeña. No iba a matarte, sólo quería asustarte. 
-Tranquila, no soy como mi padre. Incluso daré órdenes para que lo traten bien en la trena. ¿Contenta?

En cuanto pasaron al salón a seguir su conversación Selina reparó en que la foto no estaba allí.
-Oye, ¿y la foto?
-La he guardado; con tanta fiesta y manoseo se estaba estropeando.
-Pues a mí me iba de puta madre: tengo la agenda repleta para sesiones de fotos, así que ya puedes volver a ponerla aquí.
-Ni de coña. Es mi foto y la quiero conservar.
-Por favor, rancia, que yo no tengo una herencia, yo curro!
-No me ralles, tía. Ya veré. Déjame tranquila.

Siguieron rememorando batallitas, pero Selina pensaba en aquella foto…   


Las siguientes semanas Princessa se alejó un poco de todo su entorno. Guiada por Fosco hizo espeleología en cuevas de terciopelo rosa, buceó bajo el hielo buscando pecios de submarinos nucleares, exploró desiertos en busca de oasis de sangre espesa… 

Pero pronto descubrió nuevos placeres que Fosco no le permitía: le encantaba que se enamorasen locamente de ella. Sabía que era un poco mala y que hacía un poquito de daño, pero sentir a una persona que te ama con locura es otro nivel.

Y ella no estaba dispuesta a olvidar ese perverso y secreto placer en el dolor. Ajeno, of course: Princessa era de hielo. Un hielo que la conservaba eternamente bonita, como cuando Selina le hizo la fotaza.

Vivía en un trasueño: era una ballena tragando cardúmenes de pececitos de colores. 

Después de pocas semanas Princessa tuvo que encender la ventilación y el filtrado de la sala donde guardaba la foto. Con cada corazoncito roto la foto hedía más y más. La niña-siliconada-viejuna-mala de la fotaza sonreía burlona.


Una tarde, recién levantada Princessa, llegó Selina. Necesitaba la foto para un showroom que estaba montando. Princessa entró en pánico; no podía permitirlo. 

-Que no. -Pero Selina insistía.
Princessa sólo podía negarse sin argumentos ni excusas y Selina se iba calentando. 
-¿Se puede saber qué coño te pasa? Dame una puta razón para no dejármela.
-(Balbuceos inconexos…)
-Ya veo. Te has quedado imbécil de tanta fiesta, tanta mimosa y tanto babeo. ¿Te crees que no sé lo que haces por ahí? Ni Fosco quiere salir de fiesta contigo ya. ¿Te gusta humillar a las personas? ¿Encuentras divertido que se suiciden por t
i? ¿Disfrutas cuando les das latigazos o les pateas antes de abandonarlas a su suerte? ¡La Princessa de Corazón de Hielo!
Silencio.
-¿Quién eres? -Insiste Selina
-La que fotografiaste. 
-No es verdad.
-Ven, te lo enseñaré –
djo Princessa sin saber qué otra cosa hacer…

Al entrar en la sala la cara de Selina mudó. El hedor era insoportable. Se acercó con precaución hacia la foto mientras lanzaba miradas incrédulas de reojo a Princessa.

Princessa oía cómo la foto le susurraba todo lo que iba a perder si aquello salía a la luz…

Selina vomitó. -Hay que quemar esta monstruosidad-. 

Las voces en la cabeza de Princessa pasan a chillidos: –Mátala. Nos va a destruir. Volverás a ser una niña esclava. Mátala…

Princessa metió la mano en su bolsillo y deslizó los deditos por los agujeritos del puño americano que llevaba allí como parte de sus juguetes. Los alaridos la estaban volviendo loca.

Golpeó con todas sus fuerzas en la nuca de Selina. Una vez. Luego muchas. Cuando Selina, contra el suelo, dejó de moverse espasmódicamente siguió. Siguió hasta que las voces se fueron y Selina quedó reducida un océano de mermelada de arándanos sobre cuernos de mamut.

Cuando Marcelo entró, de sus ojos no salió ni el más leve pensamiento. Sabía qué había que hacer. Lo demás le importaba poco. -Ama buena conmigo. Perro fiel. Ama juega conmigo. Yo querer siempre. Yo llevar a Selina a dormir al mar.

La Princessa de la foto los observaba traviesa mientras juega lasciva con un mechón de cabello y ponía morritos de chupona.


Las siguientes noches Princessa ahogó su ansiedad en sangre, sudor y lágrimas de cocodrilo. Sangre y sudor de inocentes gacelas desprevenidas…

El cuerpo de Selina estaba irreconocible cuando la encontraron pasados unos días. Los detalles de la autopsia eran tan escabrosos que se prefirió pasar página. Era demasiado horrible para ser cierto. Pero lo era.

Princessa susurró un poema de despedida en su funeral. Vacío. 

Fosco, observando silencioso desde la penumbra, sin poder contener las lágrimas, se dio cuenta. El resto sólo vio a una diosa llorando inconsolable por su amiga asesinada. 


Princessa encontró a Fosco. Sabía que estaba al borde del acantilado sobre el océano por donde acaba de volar parasiempre Selina. 

Me voy de viaje. Necesito olvidar esto, empezar de nuevo. Vente conmigo. Haremos todas las locuras que se nos antoje, viviremos al día, descubriremos nuevos placeres…
-No puedo. Nuestra hija llegará en unos días.
-¿Nuestra hija?
-Selina y yo queríamos una niña desde siempre. Ahora la tengo. A Selina no…

Princessa se quedó descolocada. ¿Selina y Fosco?
No, no éramos pareja ni nada por el estilo. Oye, no me encuentro muy bien. Ya me irás diciendo por dónde andas y eso. Mucha suerte… -Fosco se alejó sin mirarla. 


Los siguientes meses Princessa recorrió el mundo de fiesta en fiesta. Publicaba posts y stories, enviaba mensajes de voz a Fosco explicándole sus andanzas, mandaba fotos de sus conquistas…

Poco a poco, se fueron espaciando y, finalmente, callaron…

Los siguientes años Princessa recorrió el mundo buceando por ríos subterráneos de magma helado.


El día de su regreso a las Casitas Pobres fue exactamente igual que su primera llegada: silenciosa y nocturna. Marcelo, en su puesto, no preguntó nada. 

Princessa fue directamente a la sala de cultivo, que seguía cerrada tal y como la dejó. 

En cuanto abrió la puerta le golpeó el hedor. Unos ojos burlones la miraban hundidos en una cara hinchada de bótox y estirada hasta el ridículo forzando una mueca que pretendía ser sexy. Unos pechos enormes con piel acartonada y venas marcadas doblaban su espalda dándole un aire siniestro. El pelo grasiento, largo y enredado, cabalgaba sobre unas enormes nalgas que parecían pelotas de golf gigantes. Un sibilino ruidito salía del asqueroso agujero donde una vez debió estar la nariz. Labios  escondidos hacia dentro, cubriendo unas encías desdentadas…

Cuando entró en la guarida de Fosco se hizo el silencio. Fosco era ya un hombre mayor marcado por los embates de una maternidad difícil en un mundo que sólo quiere hormigas-esclavas. Princessa seguía radiante y joven. 

-¿Bienvenida?– atinó a decir Fosco. Princessa lo miró poniendo su cara más dulce.
-¿Qué te metes? ¿Hormona del crecimiento? ¿Dónde has estado? ¿Qué has hecho todo este tiempo? Insistió Fosco.
Princessa se acercó y le dio un abrazo que Fosco sintió falso.
-Tendría que preguntarte por qué desapareciste. Pero lo que me preocupa es por qué has vuelto. No tienes derecho . Hiciste un pacto con el diablo. ¿Qué buscas aquí?
-Estoy vacía. He perdido la pasión por vivir…
Fosco se la mira incrédula. 
-La pasión por vivir… ¿Cuál es tu secreto en realidad?
-Si te lo dijera tendría que matarte…
Fosco rió por primera vez en mucho tiempo. Princessa también se rió, pero de su propio chiste.

¿Papi?- se oyó desde las escaleras.

Estrella, 16 años
Hija de Fosco.
Una granujilla adorable de corazón puro que supura alegría. Adora a su padre.  

Princesa sintió el aura de Estrella antes de verla. Fosco se la presentó desganado. Estrella estaba radiante. Princessa huyó como buenamente puede al sentir el fuego en su vientre…

Princessa, regresó sola a los locales de ataño. Sólo quedaban decadentes antros donde adictas a la mimosa intercambiaban fluidos por azúcar con cualquier basurilla. Las canciones de Marc salían de ventanas lejanas abiertas a la noche. Hordas de personitas malas salían a dar besos y pegar palizas. Indigentes de todo pelaje dormían en casitas de cartón que formaban pueblitos alrededor de laguitos de pipí… Caminaba sin rumbo buscando no sé qué.

Una mano helada la agarró del tobillo. Cuando fue a patearla, tras una asquerosa máscara de dolor y mugre, reconoció los ojos del hermano especialito de Marc, el puto loco. Él también la había reconocido. Lo pateó con saña y huyó temblando.

Pasó los siguientes días aterrada, sentada frente a la puerta de la sala sin atreverse a entrar a ver la foto. Hedía. Los filtros de la sala estaban a tope. El ozono invadía la casa. 

-Voy a cambiar. Quiero reempezar de cero, limpia y pura. Quiero amar… -Repetía como un mantra…


Marcelo anunció la visita de Estrella. Iba a inventar alguna excusa, pero la duendecilla ya estaba dejando atrás a Marcelo y se dirigía decidida y sonriente hacia Princessa.

-Nos vamos de paseo He escuchado tus poemas y me vas a hacer un concierto privado a mí sola. 

Princessa farfulló algunas excusas: -Hace frío y va a llover. Y no me encuentro muy bien…

-Pues me quedo aquí sentada.

Princessa no tenía fuerzas para resistirse.

Fue una de esas tardes de charla mágica en las que salen mil temas y faltan horas para otros cien mil temas. De esas tardes que forjan pesadas cadenas. 

Estrella despreciaba todo lo que Princessa adoraba y representaba. Odiaba los cánones y el trampantojo, la superficialidad, la vanidad, la vacuidad y el vicio. Estrella era libre de verdad. Adoraba vivir. Era fan de Unabomber.

Cuando intentó besar a Princessa ésta la apartó: –Soy venenosa…

Cuando devolvió a la niña contrariada con su padre, Fosco la miró fríamente, con ojos acusadores. 


Princessa decidiódar un concierto en su casa para anunciar oficialmente su retorno, pero salió de pedo. Las escasas asistencias eran las ruinas de fiestas locas cubiertas de polvo blanco. 

Susurraba sus poemas pero le salía la voz de Marc. Al fondo del salón creyó ver a Selina mirándola acusadora. Sentía el aliento del hermano de Marc en su cuello… Se desmayó con el micro en la mano sin dejar de susurrar hasta que golpeó el suelo.

Al despertar, Estrella le estaba secando el sudor delicadamente con la camiseta que no lleva puesta. Princessa trata de echarla pero no tuvo fuerzas. Ni ganas. Mientras los labios de Estrella se acercaban a su vientre, Princessa susurraba que era mala, que no tenía derecho a amar, que Estrella era una niña, que…


Princessa se levantó rara y salió a dar un rulo a solas; necesita bamimosa para despejar la cabeza. Apenas enfiló el paseo de las ratas, bajo una gélida lluvia infernal, desde el otro lado de la calle, sintió la mirada clavada del hermano de Marc. 

Se queda paralizada cuando el loco salió disparado hacia ella.

Pero antes de dar el primer paso, un autobús que trataba de llegar al semáforo en ámbar se lo llevó por delante. Princessa apenas lo vio. Se evaporó ante sus ojos. Para siempre. Unos metros más allá quedaron los restos sanguinolentos. Sólo Princessa sabía quién era aquello.

Princessa, desesperada y aterida, regresó con Estrella.

A duras penas logró mantenerse despierta mientras buscaba el consuelo de los labios de la niña.

Se despertó observada por Fosco.

-Eres una mierda… -y la dejó allí, llorando en silencio.


Qué podía hacer Fosco. Estrella ya había elegido…

Revisó el perfil de Princessa para tratar de encontrar algo que lo tranquilizase. No sé, algo de bondad o buena fe. Se puso a mirar posts y stories de Princessa despreocupadamente. Tan despreocupadamente que recorrió la línea de tiempo hasta los primeros posts donde se detuvo nostálgico. En muchas aparecía la fotaza de fondo.

Esa foto. Había algo raro en esa foto. Buscó el último post donde aparecía la fotaza y se puso a compararlo con el primero. Quizás sólo eracosa suya, pero la foto estaba distinta. Apenas se percibía, pero había algo diferente… Esa puta foto. Tenía algo diabólico.


Fiesta de despedida en casa de Princessa. Vendió todo para irse con Estrella a recorrer el mundo como dos tortolitos clasicones. Todo empaquetado. Fosco les trajo unos libros de regalo: Fausto, El retrato de Dorian Gray y El Profesor y Margarita. Princessa no conocía ninguno de ellos.

Princessa estaba eufórica. Sentía que Estrella era el ángel que había llegado para salvarla. La amaba. La necesitaba. Era su oportunidad para empezar de nuevo haciéndolo todo bien esta vez. Paseaba entre las invitadas derrochando belleza y amabilidad…

Hasta que notó la voz. Esa voz. -Aquí foto llamando a Princessa. 💣  Problemo. Problemo.

Instintivamente buscó a Fosco, pero no estaba allí. Fue corriendo hacia la sala de cultivo, que encontró abierta… 

Fosco la esperaba tranquilo, a punto para abrir el paquete donde se ocultaba la foto. Se miraron en silencio. 

Princessa se acercó despacio. La voz del cuadro retumba en su cabeza: -Mátalo. 

Su mano se introducjo en el puñito americano con pinchitos y navajita que compró para sus viajes. Sus palabras trataron de detener a Fosco: -No, por favor. No lo entenderías…

Fosco, que la veía venir, logró apartarse justo en el momento en que Princessa se abalanzó sobre él con el filo apuntándole al pecho.


Con la fuerza de la embestida, Princessa hundió la navaja y la mano hasta el codo en el paquete donde guardaba la foto.

Fosco, paralizado por el hedor y el resplandor, apenas entreveía a Princessa entre el denso humo luchando por sacar el brazo del paquete que no había logrado atravesar mientras lanzaba gemidos agónicos. 

Parecería que toda su belleza y juventud fluían por su brazo hacia el paquete, como si fuese un oleoducto transiberiano. Y, a medida que fluían, Princessa perdía sus dientes y el pelo y afilaban sus labios. Sus pechos crecían desmesurados y amorfos. Su piel se tornaba naranja y arrugada. Se encorvaba y retorcía tratando de mover unos dedos huesudos y alargados mientras caía al suelo…

Fosco cayó de rodillas vomitando.

Cuando el silencio reinó de nuevo en la sala y Fosco pudo reincorporarse apartando los restos de humo, sólo encontró el paquete intacto y un charco de silicona y bótox.

Abrió el paquete con precaución. Allí estaba la foto de Princessa: preciosa como el primer día. Radiante.

Hoy, la foto de Princessa preside la barra de un mugriento club de carretera.

A los clientes les encanta. Todos piden a esa chica.


Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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