Suri, la princesa feliz

Érase una vez una princesa que vivía encerrada en una experiteca.

Toda su vida, desde que recuerda, siempre había estado rodeada de experiencias. Miles de aventuras, viajes, desafíos, romances y recuerdos que recorría con su vista en modo pre-vivencia hasta dar con la experiencia que le apeteciera vivir en aquel momento.
Suri había hecho surf entre tiburones blancos, había escalado las montañas más desafiantes sin cuerdas, hacía carreras con leones y tenía tórridos romances con los hombres de sus sueños, que siempre eran perfectos, hasta que se cansaba de ellos y buscaba otros nuevos.
Entonces, con solo desearlo y si tenía saldo en su cuenta, la experiencia se iniciaba inmediatamente.

Recuerda su último viaje a Sudáfrica. Lo divertido que fue el viaje en avión y lo amables que eran todos los locales con ella. Recuerda la noche de pasión perfecta con Samu. Recuerda cómo se metió en el océano con su tabla mientras decenas de tiburones blancos saltaban al azar entre las olas. Y ella, segura y valiente sobre las olas los esquivaba. Recuerda visitar los guetos y lo amables que eran todos.

La vida era maravillosa. Y ella, con su Renta de Compensación Justa de nivel 3, VIVÍA. Vivía a tope. Sus actualizaciones de estado en la Red Social recibían miles de Likes en menos de 10 minutos. Y bastaba con publicar una descripción de del hombre o mujer que le apeteciera esa noche para que tuviese cientos de candidatos y candidatas para elegir. La vida era maravillosa. Y ella sabía cómo exprimirla.

Hasta aquella noche fatídica. Una semana después de regresar de su viaje empezó a sentir un dolor en la cabeza. Al principio era un dolor leve, indefinido, una molestia más bien… Por supuesto, se tomó las pastillas de la felicidad, pero no le hicieron efecto alguno. Iba a llamar a Urgencias Médicas, pero se detuvo. Ese dolor que iba creciendo en su cabeza era diferente a los otros dolores que hubiera sentido antes. Pero no solo eso…

Aquel dolor también era diferente al resto de sensaciones que había tenido hasta ese momento. Ni siquiera podía expresarlo con palabras. Era como si aquel dolor fuese… más real. Como si, por primera vez, una sensación se le manifestara antes por los sentidos que por la cabeza. Era loco, lo sabía: la Ciencia había demostrado que sin el procesamiento cerebral los impulsos recibidos no generaban una respuesta biológica. Sin embargo, Suri sentía que aquel dolor empezaba antes de ser consciente de ello.

Poco a poco aquel dolor fue creciendo en intensidad y focalización, hasta que Suri sintió que la cabeza le iba a estallar. Pero decidió seguir. Aquel dolor era real. Mucho más real que cualquier otra cosa. Entonces, una notificación interrumpió su perverso momento de realismo. No era una notificación de la Red Social; ni del Programa Diario de Actividades Sociales, ni eran Mensajes Éticos por una Sociedad Justa. Era una notificación huérfana, rara, de un color feo, como de plataforma antigua. Sólo decía: ¿Te atreves a saber la Verdad?

Suri no trató de cerrar la notificación. Se quedó mirándola silenciosa. Sabía que no debía mirarla. Sabía que si descubrían que había leído propaganda de los enemigos de la Verdad y la Razón podría ser despojada de todos sus privilegios y conducida a un campo de reeducación de por vida. Sabía que los que caían en las trampas de los conspiradores acababan cometiendo atentados suicidas cada vez más locos. Sabía todo eso y no cerró la notificación. La cabeza de Suri contenía una explosión nuclear en la unión entre el cerebro y la médula espinal. Lo último que recuerda antes de desmayarse es que aceptó la notificación.

Despertó de pié, con una sensación muy extraña. Carecía de cuerpo. Sólo era un pensamiento. Pero veía, olía y sentía. Y pensaba. Era un cuerpo, pero no había ningún cuerpo. Sólo la sensación de cuerpo. De repente, fijó su vista frente a ella. Delante suyo, en una esfera de cristal, había un muñeco cubierto completamente por una piel artificial con millares de emisores y receptores. Y flotaba. Estaba de pié, flotando igual que ella, pero en el centro de la esfera. Mirándola directamente a los ojos pero sin ojos.

Suri estaba paralizada. ¿Qué coño estaba pasando? El dolor había desaparecido completamente. Miró hacia donde se suponía que debía estar su brazo y lo levantó. Sintió cómo el brazo se levantaba, pero no había brazo. Levantó el otro. Y las piernas. Sentía cómo se movía pero no había nada. Sólo era aire. De repente, notó que el muñeco se estaba moviendo. No sólo que se movía, sino que se movía exactamente como Suri intentaba moverse. Ella levantaba el brazo derecho y él levantaba el brazo derecho. Aquello era demasiado.

Trató de acercarse al muñeco, pero, a pesar de caminar y sentir que avanzaba, no se movía. Ni el muñeco. Estaban flotando en el aire. Parecía que caminaban perfecto, pero no avanzaban nada.

Después Suri vio que hasta el horizonte había millones y millones de aquellas esferas, con muñecos dentro, haciendo miles de cosas, nadando, corriendo, estando sentados…

Entonces oyó la voz.  No tenía presencia, ni origen; simplemente la oía. Y le dijo:

«El planeta en el que vives es desde hace más de 200 años un centro de procesamiento de datos para la prevención de ataques de los enemigos del Gran Imperio de la Vía Láctea. El 95% de vuestros cerebros se dedica al procesamiento y se os concede, por humanidad, un 5% para vuestro libre uso. Vivís engañados en una simulación; sois una granja de neuronas para la computación neuronal orgánica«.

Suri no entendía nada. ¿Qué era aquello? ¿Aquello era la Verdad? Sintió que cerraba los ojos aunque no había ojos.

FINAL 1: En cuanto abrió los ojos nuevamente fue esposada y detenida. Su juicio por terrorismo potencial fue breve. 2 horas después de ser detenida era eliminada. En el preciso instante en que colocaban un nuevo muñeco en la esfera que había quedado vacía.

FINAL 2: Suri abrió los ojos lentamente. Estaba en su habitación.
-¡Qué sueño más loco! Creo que repetiré el surf con tiburones. Me encantó.
Un tiburón se lo comió cuando el dolor de cabeza regresó. Nadie lo vio. Su rastro desapareció de la Red Social. Apenas era un recuerdo vago dentro de otros recuerdos vagos.

FINAL 3: Suri despertó. Sabía que había tenido un sueño, pero era incapaz de recordar nada. Se tomó un par de píldoras de la felicidad y se pudo a buscar qué hacer ese día.

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